Vehículos chinos crecen en ventas, no en valor de reventa

En mi experiencia como especialista en evaluación de tendencias y comportamiento de diferentes sectores económicos, al revisar detenidamente el mercado automotriz para entender lo que ocurre en él, considero que no basta con mirar las cifras de ventas del presente, sino evaluar lo que ocurrirá antes de que se vuelva evidente para todos.

Desde esa perspectiva, en 2020 anuncié desde nuestro canal de videos y por diferentes redes de Carros Ok que, hacia 2025, el mercado peruano recibiría con fuerza a las marcas chinas y que cinco de ellas terminarían ingresando al top 10 en un periodo que ha resultado corto y que se confirmó al cerrar el año.

Esa variación de posiciones, que ya venía anunciando desde hace varios años, así como la caída y pérdida de terreno de marcas que parecían intocables como Nissan, Mazda, Mitsubishi, Renault, Suzuki y VW, el lento crecimiento de Toyota y el estancamiento de las coreanas (Kia menos que Hyundai), junto con el avance de las marcas chinas en Perú y en otros mercados, no solo confirma un cambio de preferencias, sino también una transformación más profunda en la estructura competitiva del sector.

Anticipé que, al no sostener sus respectivos espacios competitivos en un mercado que no crece en demanda o no se expande, las marcas tenderían a arrebatarse clientes entre sí. En esa dinámica, las automotrices chinas encontraron una oportunidad que supieron aprovechar mejor que muchas marcas tradicionales.

Ese escenario que planteé con mucha anticipación hoy no solo es visible, sino que confirma algo más importante: la industria china ya dejó de ser una alternativa secundaria para convertirse en un actor central dentro del mercado.

El avance chino ya es estructural

Las marcas chinas no solo avanzaron con rapidez utilizando comercialmente a su favor la variable precio, sino que se percataron de que sus competidoras tenían una gran debilidad en la configuración de sus vehículos. A los suyos les integraron un mayor nivel de equipamiento, un diseño muy atractivo y, en muchos modelos, superior al de otras marcas; y, lo más importante, los dotaron de una apreciable seguridad activa y pasiva. Esa combinación de factores se constituyó en su verdadera fortaleza.

Un mix vehicular que les permitió ingresar con fuerza en segmentos donde el consumidor busca maximizar lo que recibe por cada unidad de dinero invertida. En mercados de ingresos más bajos y sensibles al precio, esa propuesta se constituyó en especialmente poderosa. El comprador percibe que obtiene un vehículo más completo por menos dinero, y eso les resta espacio a marcas convencionales que durante años dominaron el mercado sin enfrentar una presión tan intensa. El resultado actual es evidente: las marcas chinas no solo venden, sino que desplazan.

Vender más no significa revender mejor

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre conquistar nuevos compradores realizando ventas nuevas y sostener valor en el mercado de seminuevos y usados. Ahí es donde todavía aparece la gran debilidad de las marcas chinas. Aunque su presencia comercial crece con fuerza, su valor de reventa no avanza al mismo ritmo ni mantiene una correlación estrecha con la expansión de sus unidades vendidas.

Ese punto es clave. Una marca puede vender muchísimo en el mercado nuevo y, aun así, seguir castigada en el mercado secundario si el comprador no percibe suficiente durabilidad, confianza, respaldo o estabilidad en el largo plazo. Y esto es exactamente lo que todavía ocurre con muchas marcas chinas.

El consumidor de vehículos seminuevos y usados piensa distinto al consumidor de vehículos nuevos. Los dos primeros no solo preguntan cuánto cuesta comprar, sino cuánto costará mantener, que componente renovar, cuánto tiempo durará y cuánto podrá recuperar cuando decida vender. En esa lógica, las marcas japonesas y coreanas todavía mantienen una ventaja clara. Su reputación acumulada, su historial de confiabilidad, la estética y su mejor percepción de reventa continúan pesando más que el equipamiento o la seguridad, incluso para algunos mercados.

El mercado chino también cambió

Otro elemento que fortalece esta lectura es lo que ocurre dentro del propio mercado chino. La preferencia por marcas nacionales ha empujado a varias firmas consolidadas a buscar nuevos horizontes fuera de su país de origen. Este proceso establece que el cambio no solo está ocurriendo en los mercados receptores, sino también en el centro mismo de la industria.

China ya no compite únicamente por volumen o por precio bajo. Su estrategia apunta a una industria de mayor calidad, con componentes más avanzados, sistemas de seguridad más sofisticados y una oferta cada vez más competitiva frente a marcas que antes tenían una ventaja tecnológica más visible. En muchos casos, esa evolución es notoria en los productos que ofrecen.

Pero una cosa es construir un vehículo más completo y otra muy distinta es lograr que el mercado le reconozca un valor de reventa alto. Ese paso aún no está plenamente consolidado.

Repuestos baratos, mantenimiento accesible

Se suma a las grandes fortalezas de la industria china el hecho de tener muy bien armado el lado de los repuestos de bajo costo. Eso reduce de manera importante el gasto de mantenimiento y hace más atractiva la compra para el usuario final. En un mercado donde cada gasto pesa, esa ventaja no es menor.

Además, existe otro punto que vengo sugiriendo a las marcas mientras avance la transición del vehículo a combustión hacia el 100 % eléctrico que podría cambiar aún mucho más el panorama competitivo automotriz global: si establecieran la opción de permitir mantenimientos externos sin que el usuario pierda la garantía, siempre comprando repuestos originales y realizando los servicios dentro de la red. Si ese modelo lo desarrolla y lo expande la industria china, podría ganar una ventaja enorme frente a muchas marcas convencionales que todavía obligan a pasar por talleres oficiales para conservar la cobertura de las garantías ofrecidas y a pagar mucho más de lo que pagarían externamente.

Ese esquema tradicional se ha convertido en una limitación para varias marcas. El consumidor ya no quiere sentirse atado a una red cerrada si puede mantener su vehículo con estándares adecuados y sin perder respaldo. Si las marcas chinas logran ofrecer flexibilidad real en ese aspecto, su competitividad futura puede dispararse aún más.

La reventa aún va detrás

Aun con todo ese avance, el mercado de reventa sigue siendo más lento y muy conservador. Allí es donde la valorización de una marca china tarda mucho más en construirse que su participación comercial. El prestigio es consecuencia de muchos años de desempeño y no basta con tener buenas especificaciones o precios atractivos.

Por eso, aunque las marcas chinas ya hayan ganado mucho terreno y sigan expandiéndose, su valor residual todavía se mantiene por debajo de lo que su crecimiento en ventas podría sugerir. No hay una relación directa entre vender más unidades y conservar mejor valor. El mercado no premia automáticamente la cantidad; premia la confianza, la durabilidad y la percepción de largo plazo, que seguramente adquirirán en el mediano plazo cuando las marcas chinas expandan la durabilidad de sus componentes y los consumidores lo puedan certificar y validar.

Lo que viene

La tendencia es clara. Si las marcas chinas siguen mejorando componentes, vida útil, seguridad, respaldo técnico y estructura de posventa, su valor residual terminará subiendo. No de manera inmediata, pero sí de forma progresiva. El proceso ya empezó.

Aun así, por ahora el diagnóstico sigue siendo el mismo: las marcas chinas están creciendo con fuerza, están cambiando el mapa automotor y están restando espacio a fabricantes tradicionales. Pero su reventa todavía no refleja ese avance en la misma magnitud.

En resumen: ganan mercado, pero aún no ganan del todo la confianza de segunda mano. Y esa es la frontera que todavía les falta cruzar.

Juan Távara B.

Analista económico y del mercado automotriz

Tendencias sectoriales, Inteligencia comercial y

Marketing Estratégico

www.carrosok.com

Autoridad automotriz